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martes, 8 de septiembre de 2020

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Introducción a la resistencia psicológica: impotencia vs. activismo

Aquí tenéis acceso a mi artículo, publicado en el Blog Península de El Salto, una revista crítica e independiente con la que tengo el placer de colaborar y que os recomiendo a tod@s.


Blog Península - El Salto



viernes, 20 de julio de 2018

La insoportable banalidad del mal

Gustav Doré

La mayoría de nosotros considera que las “malas personas” existen, pero raramente pensamos que formen parte de nuestro círculo más cercano. ¡Nosotros mismos desde luego no lo somos!, ¡y quizá no lo sea prácticamente nadie!..., todos tenemos nuestras luces y nuestras sombras, nuestros malos momentos y nuestros "pecados". Así el concepto de “mala persona” cae en desuso, al fin y al cabo comprender al prójimo y ser capaz de relativizar poniéndose en el lugar del otro es un valor humano, y los psicólogos mismos nos encargamos de procurar su desarrollo. Entonces, ¿ya no existe “el mal”?


A mi modo de ver si prescindimos del concepto del mal la vida humana se desvirtúa y perdemos nuestra dignidad. Porque si no existe “hacer el mal” deja de existir “hacer el bien”, si no hay “malas personas” tampoco puede haber “buenas personas”, y si no existen los “villanos” nos quedamos de pronto sin “héroes”. Ahora que tanta falta nos hacen. Y me pregunto: ¿cómo se puede motivar a las personas a tener un comportamiento moral y arriesgado si no es para salvarnos del “mal”? 

Considero que “el mal” es sinónimo de destrucción y que, como decía Hannah Arendt, tiene una base ”banal”, con lo que resulta “sencillo”, ya que es más un dejarse llevar que un proponerse dañar. Su “insoportable banalidad” nos obliga a todos a hacer un esfuerzo constante de atención, reflexión y escucha, que no es otra cosa que luchar contra nuestra inconsciencia.

Me gusta pensar que mi trabajo está al servicio de “la lucha contra el mal”, ya que procuro ganarle algo a la inconsciencia. No trato a personas que disfruten del sufrimiento ajeno (en psicología esto recibe el nombre de perversión o sadismo), nuestro mayor problema no son los psicópatas ni los sádicos, es cierto que desgraciadamente entre nuestros líderes hay una cantidad escalofriante de ellos, pero entre la gente de a pie hay muy pocos de ellos. 

Erich Fromm (1900-1980) en su obra “El corazón del hombre: su potencia para el bien y para el mal” nos dice: 

“El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad y no el malvado o el sádico”

En este libro Fromm analiza los orígenes de la violencia y la destrucción en el ser humano, lo cual considera es la mayor amenaza para la supervivencia de nuestra especie. Así mismo nos habla de la pasividad que caracteriza al ser humano contemporáneo, y cómo tiene su origen en la identificación de este con los valores del mercado. Nos hemos convertido en consumidores eternos e insatisfechos, devoradores de un mundo y una humanidad cada vez más agotada. El individuo orientado a la producción y el consumo se siente único y libre, no sujeto a ninguna moral o líder visible, y sin embargo está más dirigido que nunca, ya que sus deseos son subliminalmente programados y su inteligencia está atenazada por un bombardeo constante de mentiras y vacuidades. ¿Y no es la pasividad un abono para la destrucción?
Francis Bacon

Así mismo Fromm considera que nuestro mayor peligro es convertirnos en “robots”, el sistema necesita de individuos obedientes e irreflexivos, pero perder la capacidad crítica es desubjetivarse, lo cual está en el fondo de la epidemia de depresión, suicidios y sinsentido vital que nos acosa. Este sufrimiento existencial nos vuelve destructivos y acerca nuestra alma al diablo… 

Qué difícil resulta entender los problemas de nuestro mundo, nos sentimos desorientados e impotentes, sin saber cómo juzgar las situaciones o qué posición tomar. Necesitamos al menos hacernos responsables de nuestras inconsciencias, no basta con no tener "mala voluntad", hay que tener la voluntad de tenerla buena y emprender iniciativas concretas que busquen el bien común, no solo el propio. Fromm en su obra “¿Tener o Ser?” nos dice: 

“Vivir correctamente ya no es una demanda ética o religiosa. Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano” (...) “La avaricia y la paz se excluyen mutuamente”. 

Es muy fácil ser avaricioso inconscientemente, por ello siempre debemos preguntarnos si hacemos un uso responsable de nuestro poder, y tener en cuenta que cuanto mayor es este, mayor es nuestra responsabilidad. El “fuerte” debe cuidar del “débil”, el “sano” del “enfermo”, el “sabio” del “ignorante”, el “rico” del “pobre”… 

Los ricos y los poderosos no solo deben pagar más impuestos, sino que deben ser doblemente cuidadosos con sus acciones y decisiones, pues afectan al destino de la mayoría. Pongamos un ejemplo que se me presentó recientemente, un empresario lamentaba tener que declarar en quiebra su empresa y no poder pagar a sus trabajadores, alguien dijo: “no es una mala persona”, sin embargo no pensaba responder con su patrimonio y sí emplear el dinero que hiciera falta en abogados que pudieran librarle de sus deudas. Por descontado que su “patrimonio personal” era el producto de los beneficios que esa empresa ahora “quebrada” le había estado proporcionando durante los últimos años. ¿No es una “mala persona”?, quizá deberíamos preguntárselo a los trabajadores a los que debe varios sueldos, y a sus familias. Otro ejemplo, una persona sumamente adinerada hereda entre otras muchas propiedades un gran piso en el centro de Madrid y decide dividirlo en “viviendas” que no llegan a los 50 metros y con menos ventanas de las deseables para sacar un mayor beneficio con su alquiler. Esta persona no solo no necesita el dinero sino que vive en una casa de casi 500 metros también en el centro. ¿Es una “mala persona”? 

La inconsciencia siempre es interesada, en estos casos se llama egoísmo, pero debemos saber que lo que hacemos a los demás define quienes somos y nuestro destino.

martes, 2 de enero de 2018

Por amor propio

Cada vez parece más difícil “saber lo que queremos”, nuestro rol de clientes y consumidores paradójicamente nos está volviendo conformistas y muy poco originales, como si entre “tanta cosa” disponible nosotros mismos nos hubiéramos vuelto inasequibles. Hay demasiadas personas que no saben lo que quieren y no se animan a decidir casi nada, que pagan para que un experto les diga lo que les conviene o para que un “vidente” les lea (¿o escriba?) su destino. Hemos adquirido un rol pasivo hacía nuestros propios deseos, nos han habituado a mirar hacia fuera para definirlos, a tomarlos de la constante publicidad. Con ese “bombardeo” resulta imposible definir nuestras prioridades, y sobre todo, que realmente sean personales.


Los psicólogos también lanzamos nuestros propios mensajes: “Eres tú quien debes elegir y cultivar tus deseos, y procurar que se cumplan…” Pero ¿cómo lograr ese estado de lucidez?, ¿de dónde sacar la valentía y la fe necesaria? Por un lado en una vida vacía, que es una vida descuidada, el “amor propio” no puede desarrollarse; por otro lado donde no hay previamente “amor propio” no hay posibilidad verdadera vida. El floreciente negocio del “cuidado personal” no parece que abunde en nuestra felicidad ni en nuestra fortaleza, más bien parece debilitarnos física y moralmente. Sin duda es una empresa heroica conservar cierta autonomía en este estado de “invasión capitalista”, el sistema se está radicalizando de tal manera que prácticamente ha aniquilado la famosa libertad individual que prometía.




El problema no es ni fue nunca nuestra “actitud personal”, el problema es, como siempre ha sido, social; el ser humano aún no ha conseguido un modelo de convivencia no perverso: la explotación, la desigualdad y la violencia atraviesan nuestras vidas de una u otra manera. El reto personal es resistir, que no es poco, porque la verdadera resistencia es transformadora, ya que es contestataria, no “obedece” las normas ni se deja seducir por las mayorías. Con vosotros quiero compartir algunos “puntos psicológicos de anclaje” que creo pueden servir de aliados a este fenomenal propósito:

El Silencio
Necesitamos escapar del ruido y de tanta palabrería. Busca el silencio y la soledad para poder recuperar la capacidad de reflexionar de forma profunda y sosegada. Eso además te pondrá en contacto con tu creatividad, las buenas ideas y las mejores decisiones se gestan inconscientemente en esos espacios de aparente vacío.

Procura que el encuentro con tus seres queridos se produzca en ambientes sin interrupciones ni distracciones, así podrás conectarte emocionalmente y sentirte realmente acompañado. ¡Silencia el móvil!, la compañía de alguien requiere la misma atención y respeto que una película.

La Autoridad
También necesitamos encontrar una nueva autoridad que acalle las consignas del sistema. Lee, pero no las noticias, discute pero no veas cómo otros lo hacen en la tele. Bucea en los ensayos que no están en el mostrador de las librerías y recupera la pasión por el arte en cualquiera de sus formas.

La inteligencia y la belleza deben ser las varas para medir a cualquier líder. Si no nos cultivamos, no tendremos el criterio suficiente para distinguir a los mejores, o no podremos convertirnos en uno de ellos.



El Apego
Necesitamos volver a apegarnos a nuestros objetos y nuestra gente, cuidar de no volverlos sustituibles a la primera de cambio. ¡Que lo que te rodea te dure más que tu móvil! Encontrar una vocación, una afición, un grupo de amigos, y ser fiel a ello, nos proporciona un espacio protegido dentro del cual podemos ir siendo, sintiendo, viviendo...

Nos desarrollamos en entornos estables, pero la estabilidad no nos la da “la bolsa” sino nuestros apegos y compromisos. Elige y quédate, ten paciencia.



La Militancia
Necesitamos involucrarnos con nuestro entorno y adquirir sentido de responsabilidad social. Esto implica ejercer nuestra autoridad y nuestro mayor poder es la desobediencia. Cuando nos limitamos a delegar en nuestros representantes estamos siendo irresponsables, como lo somos cuando consideramos que es posible ser “apolítico” y permanecer al margen.

Siempre adoptas una posición, si no es en contra es a favor, la “neutralidad” es colaboración, ¡no hay manera de escaparse!



El Feminismo
Las reacciones reivindicativas son especialmente censuradas en las mujeres, fácilmente pueden acusarte de ser dominante en situaciones en las que a un hombre se le apreciaría por su capacidad de liderazgo. Ejercer el poder sigue siendo un tabú para nosotras, superarlo es algo que abundará en nuestro orgullo personal y nos hará a todos más fuertes.

¡La mitad de la población tiene mucho que aportar en este incierto viaje! Que los absurdos “pudores femeninos” no te dejen callada, libérate del miedo a ser “mala” o “tonta”, ¡o de parecerlo!

Por otro lado, sólo desde el feminismo se puede amar realmente a un hombre, de otra manera la relación con él es asimétrica e inevitablemente se va cargando de rencor. El feminismo posibilita que colaboremos de una forma fructífera y que nos valoremos mutuamente.



La Amistad
Necesitamos sentirnos importantes y si lo podemos ser para alguien es para nuestros amigos. No es

fácil, a menudo sentimos que no somos lo suficientemente valorados o tenemos miedo a que nuestra influencia resulte negativa. El miedo a dejar nuestra “huella” puede conducirnos a evitar la intimidad y a no ser lo bastante honestos. Relacionarse siempre implica algún riesgo y hay que tomarlo, si somos demasiado individualistas acabamos aislados. Debemos tener la confianza de intervenir, opinar, aconsejar… un amigo, como un ciudadano, no puede ser neutral.


En ocasiones hay que plantearse si alejamos a los demás sin darnos cuenta. Pregúntate qué les transmites, la agresividad y la amargura son grandes repelentes, si eres demasiado crítico quizá tengas tus buenas razones, pero ninguna de ellas te librará de quedarte solo. El otro es una compañía, no una solución, al igual que tu presencia es un plus en la vida del otro, no la clave de su felicidad. No te exijas ni le exijas demasiado, agradece siempre lo que te dan, y no des nada por hecho.

Cada vez hay más personas que no saben actuar cuando a un amigo le sucede una desgracia, les parece que no tienen nada que ofrecer porque no hay solución posible a su sufrimiento. Nuestros abuelos lo tenían mucho más claro, sólo tenemos que estar, que hacernos presentes, que acompañar en el dolor y en el silencio. Resignarnos juntos nos une profundamente, cuando nada se puede hacer es cuando necesitamos darnos la mano. En esta sociedad adolescente, vendedora incansable de “soluciones mágicas”, parece que si no cuentas con una te quedas en nada, cuando tenernos los unos a los otros lo es todo en realidad.



El Amor
Procura que el dinero signifique lo justo para vivir, y que tus mayores placeres no resulten caros. Vivimos asfixiados entre ofertas, imágenes estilizadas y productos que no necesitamos. La desazón que todo esto produce nos empequeñece y puede llegar a anularnos. Que todo ese ruido no te haga olvidar que el amor es lo que de verdad importa. Y no me refiero al amor romántico, que actúa como una droga, genera extremas dependencias y aturde como una obsesión, me refiero al amor que se traduce en cuidado y disfrute de las personas que te rodean. El amor que nos reúne alrededor de una mesa, en una celebración o en un bar una tarde cualquiera. El amor que es alegría.

Por amor propio todos estamos llamados a hacer de nuestro mundo un mundo mejor, y como siempre esto empieza por lo que te queda más cerca, ¡cada gesto cuenta!

viernes, 27 de octubre de 2017

Ser fiel a ti misma

Jazmin Berakha




Ser fiel a ti misma es la base de la autoestima, porque como cualquier relación esta también está basada en la confianza. Cumplir tu palabra y no abandonar a la primera dificultad te convierte en una persona sólida y coherente, la mayor fortaleza es la perseverancia. Por ello es interesante preguntarnos sobre la clase de compañía que somos para nosotras mismas: ¿Con quién te quedas cuando te quedas a solas?













A la vez nadie se construye desde la soledad, del contacto con el mundo surgen las ideas y los deseos, y de la colaboración con los demás las acciones más productivas. Es importante que te abras al mundo y que en lugar de compararte aprendas de las personas que te rodean. Podríamos decir que nuestra autoestima es el producto de un compromiso interno y de una relación cariñosa y creativa con el mundo. Por otro lado necesitamos sentirnos valientes para creer en nuestra valía. El miedo a ser juzgadas, a resultar demasiado problemáticas o a ser excluidas del grupo no debería frenarnos en las ocasiones en las que vemos con claridad que algo no es adecuado. Si no te acostumbras a hacer que tu voz cuente no sabrás defenderte, y nada es más dañino que ser maltratada o que abusen de ti. 

A veces somos demasiado tolerantes, y con las faltas de respeto es fundamental no serlo. No reaccionar ante un trato injusto desactiva lo mejor de nosotras mismas porque implícitamente supone traicionarnos. Nadie tiene derecho a ser agresivo contigo y todas las relaciones deben ser equitativas, porque siempre es perjudicial dar más de lo que se recibe. Las disculpas deben exigirse, y el perdón administrarse con sabiduría, para que no sobrevengan excesos que generen daños irreparables. Así vemos que hay entornos y compañías incompatibles con el respeto y el amor, el mayor favor que puedes hacerte es ser cuidadosa a la hora de elegir tus compañías y “sacarte” de cualquier lugar que resulte dañino, ¡no te abandones!

 
Mirar por ti hace que la vida sea más “a tu medida”, pero el miedo a resultar “egoísta” nos “entrampa” demasiadas veces. Buscar abiertamente el bienestar es fundamental, cada uno debe defender sus intereses, lo importante es que sea de una forma sincera y flexible. La palabra clave es negociar, y la base para ello tener el coraje de ser sincera con tus deseos y necesidades. Lo opuesto a la autoestima es la vergüenza, la cual nos lleva al ocultamiento y la falsedad, es decir a traicionar nuestro verdadero ser.

Si no eres tú misma no eres nadie, y por lo tanto el sentimiento es el de que no “valer” nada. Necesitamos actuar de manera espontanea, descubrir nuestros verdaderos deseos y entregarnos a lo que nos resulta más satisfactorio. Sin el placer de ser libre, la vida se convierte en una serie interminable de rutinas en las que te acabas perdiendo. Que no te preocupe ser “rara”, no hay mejor manera de fracasar que tratar de dar el gusto a todo el mundo. Cuando mejor salen las cosas es cuando te concentras y las haces a tu modo. Si actúas bajo tu propio criterio y fracasas, seguro que puedes aprender algo. Si te dejas influir demasiado por las opiniones de los demás, cuando te equivocas te sientes mal por no haber seguido tu intuición y no haberte puesto a prueba a ti misma, un nuevo ejemplo de lo que es faltar a esa fidelidad que te debes.

Claro que para poder lograr esa independencia es necesario perder el miedo a equivocarse, y para ello valorar por encima de los resultados el esfuerzo que supone haberlo intentado. Ser demasiado estricta resulta destructivo, el estrés que produce es incompatible con la felicidad. Si no eres capaz de reírte de tus defectos y de asumir con deportividad tus limitaciones te conviertes en tu mayor problema y probablemente sacrifiques tu encanto personal, ya que este está siempre basado en la espontaneidad.

Jazmin Berakha
Cuando se habla de autoestima se suele invocar siempre al “pensamiento positivo”, suponiendo que repitiéndote mensajes optimistas acabarás convenciéndote de algo. El pensamiento positivo está de moda, pero lo que siempre ha funcionado es ser realista. No se trata de lo que te dices, se trata de lo que haces y lo que consigues. Analizar las cosas con la mayor objetividad posible te ayuda a ser previsora y calcular adecuadamente tus fuerzas, lo cual es la base del éxito. Dejarse llevar por el deseo de creer en algo sin haberte cerciorado antes de si es realmente factible, resulta irresponsable y hasta peligroso. No intentarlo porque de antemano supones que va a ser inútil exactamente igual.

Un exceso de “fe” anula nuestra capacidad crítica y nos vuelve manipulables, hay muchas personas que te van a decir lo que quieres oír para conseguir algo a cambio, y muchas otras que se van a beneficiar de que no te guste hacer preguntas. El reto es conseguir ser realista, sin miedo a reconocer las dificultades y manteniendo una actitud constructiva, esto es lo que te permitirá ser una persona más libre y capaz.

Por último no debemos olvidar que hay momentos de la vida en los que tener autoestima es una utopía, son épocas en las que el dolor o la enfermedad prácticamente te anulan y convierten cualquier consejo en algo inalcanzable. Nunca te compares con nadie, otros pueden parecer más “fuertes” pero tú te debes buscar una salida y sobreponerte a cualquier vergüenza. Ser “fuerte” no es una obligación, como tampoco lo es “poder sola”, y desde luego nadie lo consigue durante toda su vida. El dolor físico o emocional puede resultar devastador cuando dura demasiado tiempo, por ello es importante saber pedir ayuda y no conformarse con una vida desgraciada. Ser fiel a ti misma supone no dejarte “tirada”, no juzgar tus debilidades y cuidarte bajo cualquier circunstancia.