Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2020

martes, 16 de abril de 2019

Inmovilizadas por la confianza

Aquí podéis acceder a mi artículo, publicado en el Blog La Plaza de El Salto, una publicación crítica e independiente con la que tengo el placer de colaborar y que os recomiendo seguir y apoyar a tod@s.

Blog La Plaza - El Salto

domingo, 10 de febrero de 2019

Volver a "casa"


Aquí tenéis mi último artículo publicado en el Blog La Plaza de El Salto.

Una revista crítica e independiente que os recomiendo seguir y apoyar con vuestras suscripciones. 

¡Merece la pena!


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Introducción a la resistencia psicológica: impotencia vs. activismo

Aquí tenéis acceso a mi artículo, publicado en el Blog Península de El Salto, una revista crítica e independiente con la que tengo el placer de colaborar y que os recomiendo a tod@s.


Blog Península - El Salto



martes, 2 de enero de 2018

Por amor propio

Cada vez parece más difícil “saber lo que queremos”, nuestro rol de clientes y consumidores paradójicamente nos está volviendo conformistas y muy poco originales, como si entre “tanta cosa” disponible nosotros mismos nos hubiéramos vuelto inasequibles. Hay demasiadas personas que no saben lo que quieren y no se animan a decidir casi nada, que pagan para que un experto les diga lo que les conviene o para que un “vidente” les lea (¿o escriba?) su destino. Hemos adquirido un rol pasivo hacía nuestros propios deseos, nos han habituado a mirar hacia fuera para definirlos, a tomarlos de la constante publicidad. Con ese “bombardeo” resulta imposible definir nuestras prioridades, y sobre todo, que realmente sean personales.


Los psicólogos también lanzamos nuestros propios mensajes: “Eres tú quien debes elegir y cultivar tus deseos, y procurar que se cumplan…” Pero ¿cómo lograr ese estado de lucidez?, ¿de dónde sacar la valentía y la fe necesaria? Por un lado en una vida vacía, que es una vida descuidada, el “amor propio” no puede desarrollarse; por otro lado donde no hay previamente “amor propio” no hay posibilidad verdadera vida. El floreciente negocio del “cuidado personal” no parece que abunde en nuestra felicidad ni en nuestra fortaleza, más bien parece debilitarnos física y moralmente. Sin duda es una empresa heroica conservar cierta autonomía en este estado de “invasión capitalista”, el sistema se está radicalizando de tal manera que prácticamente ha aniquilado la famosa libertad individual que prometía.




El problema no es ni fue nunca nuestra “actitud personal”, el problema es, como siempre ha sido, social; el ser humano aún no ha conseguido un modelo de convivencia no perverso: la explotación, la desigualdad y la violencia atraviesan nuestras vidas de una u otra manera. El reto personal es resistir, que no es poco, porque la verdadera resistencia es transformadora, ya que es contestataria, no “obedece” las normas ni se deja seducir por las mayorías. Con vosotros quiero compartir algunos “puntos psicológicos de anclaje” que creo pueden servir de aliados a este fenomenal propósito:

El Silencio
Necesitamos escapar del ruido y de tanta palabrería. Busca el silencio y la soledad para poder recuperar la capacidad de reflexionar de forma profunda y sosegada. Eso además te pondrá en contacto con tu creatividad, las buenas ideas y las mejores decisiones se gestan inconscientemente en esos espacios de aparente vacío.

Procura que el encuentro con tus seres queridos se produzca en ambientes sin interrupciones ni distracciones, así podrás conectarte emocionalmente y sentirte realmente acompañado. ¡Silencia el móvil!, la compañía de alguien requiere la misma atención y respeto que una película.

La Autoridad
También necesitamos encontrar una nueva autoridad que acalle las consignas del sistema. Lee, pero no las noticias, discute pero no veas cómo otros lo hacen en la tele. Bucea en los ensayos que no están en el mostrador de las librerías y recupera la pasión por el arte en cualquiera de sus formas.

La inteligencia y la belleza deben ser las varas para medir a cualquier líder. Si no nos cultivamos, no tendremos el criterio suficiente para distinguir a los mejores, o no podremos convertirnos en uno de ellos.



El Apego
Necesitamos volver a apegarnos a nuestros objetos y nuestra gente, cuidar de no volverlos sustituibles a la primera de cambio. ¡Que lo que te rodea te dure más que tu móvil! Encontrar una vocación, una afición, un grupo de amigos, y ser fiel a ello, nos proporciona un espacio protegido dentro del cual podemos ir siendo, sintiendo, viviendo...

Nos desarrollamos en entornos estables, pero la estabilidad no nos la da “la bolsa” sino nuestros apegos y compromisos. Elige y quédate, ten paciencia.



La Militancia
Necesitamos involucrarnos con nuestro entorno y adquirir sentido de responsabilidad social. Esto implica ejercer nuestra autoridad y nuestro mayor poder es la desobediencia. Cuando nos limitamos a delegar en nuestros representantes estamos siendo irresponsables, como lo somos cuando consideramos que es posible ser “apolítico” y permanecer al margen.

Siempre adoptas una posición, si no es en contra es a favor, la “neutralidad” es colaboración, ¡no hay manera de escaparse!



El Feminismo
Las reacciones reivindicativas son especialmente censuradas en las mujeres, fácilmente pueden acusarte de ser dominante en situaciones en las que a un hombre se le apreciaría por su capacidad de liderazgo. Ejercer el poder sigue siendo un tabú para nosotras, superarlo es algo que abundará en nuestro orgullo personal y nos hará a todos más fuertes.

¡La mitad de la población tiene mucho que aportar en este incierto viaje! Que los absurdos “pudores femeninos” no te dejen callada, libérate del miedo a ser “mala” o “tonta”, ¡o de parecerlo!

Por otro lado, sólo desde el feminismo se puede amar realmente a un hombre, de otra manera la relación con él es asimétrica e inevitablemente se va cargando de rencor. El feminismo posibilita que colaboremos de una forma fructífera y que nos valoremos mutuamente.



La Amistad
Necesitamos sentirnos importantes y si lo podemos ser para alguien es para nuestros amigos. No es

fácil, a menudo sentimos que no somos lo suficientemente valorados o tenemos miedo a que nuestra influencia resulte negativa. El miedo a dejar nuestra “huella” puede conducirnos a evitar la intimidad y a no ser lo bastante honestos. Relacionarse siempre implica algún riesgo y hay que tomarlo, si somos demasiado individualistas acabamos aislados. Debemos tener la confianza de intervenir, opinar, aconsejar… un amigo, como un ciudadano, no puede ser neutral.


En ocasiones hay que plantearse si alejamos a los demás sin darnos cuenta. Pregúntate qué les transmites, la agresividad y la amargura son grandes repelentes, si eres demasiado crítico quizá tengas tus buenas razones, pero ninguna de ellas te librará de quedarte solo. El otro es una compañía, no una solución, al igual que tu presencia es un plus en la vida del otro, no la clave de su felicidad. No te exijas ni le exijas demasiado, agradece siempre lo que te dan, y no des nada por hecho.

Cada vez hay más personas que no saben actuar cuando a un amigo le sucede una desgracia, les parece que no tienen nada que ofrecer porque no hay solución posible a su sufrimiento. Nuestros abuelos lo tenían mucho más claro, sólo tenemos que estar, que hacernos presentes, que acompañar en el dolor y en el silencio. Resignarnos juntos nos une profundamente, cuando nada se puede hacer es cuando necesitamos darnos la mano. En esta sociedad adolescente, vendedora incansable de “soluciones mágicas”, parece que si no cuentas con una te quedas en nada, cuando tenernos los unos a los otros lo es todo en realidad.



El Amor
Procura que el dinero signifique lo justo para vivir, y que tus mayores placeres no resulten caros. Vivimos asfixiados entre ofertas, imágenes estilizadas y productos que no necesitamos. La desazón que todo esto produce nos empequeñece y puede llegar a anularnos. Que todo ese ruido no te haga olvidar que el amor es lo que de verdad importa. Y no me refiero al amor romántico, que actúa como una droga, genera extremas dependencias y aturde como una obsesión, me refiero al amor que se traduce en cuidado y disfrute de las personas que te rodean. El amor que nos reúne alrededor de una mesa, en una celebración o en un bar una tarde cualquiera. El amor que es alegría.

Por amor propio todos estamos llamados a hacer de nuestro mundo un mundo mejor, y como siempre esto empieza por lo que te queda más cerca, ¡cada gesto cuenta!

sábado, 16 de abril de 2016

Un punto azul pálido


“Reducir al prójimo a su etnia, su raza, su religión, sus errores, sus culpas y su peor comportamiento nos ciega sobre lo que es él y sobre nosotros mismos”

Edgar Morin. La Vía. Para el futuro de la humanidad (2011)





Los terribles acontecimientos sucedidos en París hace tan sólo un par de días cuando escribo esto parecen confirmar nuestros peores temores, la guerra, adopte la forma que adopte, es el gran cáncer humano, un cáncer que hasta el momento no hemos sido capaces de extirpar. La guerra siempre parece justificada, nadie la ha considerado nunca un capricho y los que la apoyan no toman consciencia de hasta qué punto es un negocio. Los hombres fuertes, los poderosos, toman sus decisiones, asumen sus responsabilidades y dictan nuestros sacrificios en honor a sus interesados valores. ¿Por qué sólo respondemos con contundencia cuando somos atacados?, ¿no podemos responder con contundencia cuándo un genocidio sucede a nuestro lado? Las respuestas a las “crisis humanitarias” se toman bastante más tiempo y son bastante más ambiguas y parciales. Ya tenemos “un malo”, ya podemos sentirnos con derecho a mirar exclusivamente por nuestros intereses, al fin y al cabo la guerra los vuelve urgentes, para eso se ha inventado.

¿Es que alguien cree que en un mundo tan profundamente injusto y cruel como el nuestro es posible que haya paz?, ¿alguien realmente cree que nuestros “valores occidentales” son la respuesta al dolor que hay en el mundo? Nuestra civilización “desarrollada” se basa en la esclavitud, sus cimientos están podridos y los abusos que no dejamos de practicar generan un odio enloquecedor que se vuelve inevitablemente contra nosotros. “Ellos” harían lo mismo, claro, los “valores orientales” tampoco son la respuesta a nada, y los imperios del otro lado del globo son tan crueles y fanáticos como lo son los nuestros. El poder se vuelve abominable en manos humanas con sorprendente facilidad.

Identificarnos con una patria, una raza, una religión… nos enloquece, nos hace creernos distintos  y mejores que los que pertenecen a ese otro “grupo” que siempre resulta tan sospechoso. Cuando la verdad es que la tierra es nuestra patria y nuestro único hogar. El popular astrónomo Carl Sagan difundió una impactante imagen de la tierra tomada por la sonda espacial Voyager 1 desde una distancia de 6 000 millones de Kilometros, la fotografía muestra nuestra amada tierra como una pequeña mota o punto de luz prácticamente imperceptible en medio del cosmos. La foto fue tomada el 14 de febrero de 1990, Sagan publicó en 1994 un libro al que llamó, inspirándose en esta fotografía, “Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio”, en él recoge las reflexiones a las que le llevó esta imagen:

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.


La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.

Creo que Sagan nos dice todo lo que necesitamos saber para resolver el callejón sin salida en el que nos encontramos. Como lo han hecho y lo están haciendo tantos pensadores como él, nos recuerda que compartimos un único hogar y una única historia, “la historia del ser humano”, de nosotros depende salir de las cavernas en las que aun nos encontramos y darnos cuenta de que enfrentándonos no llegamos más que a nuestra propia destrucción.

La guerra jamás es una respuesta, hasta ahora las mujeres siempre hemos sido las primeras en decirlo y deberíamos seguir siéndolo, porque siempre hemos sabido lo que vale una vida. La respuesta al terrorismo, que está basado en un odio enloquecido debe ser restaurar la justicia en los pueblos de dónde sacan a sus fanáticos, si nos limitamos a bombardearlos, a incrementar nuestro racismo, a cerrar nuestras fronteras y a negar el reparto de los bienes que deberían ser comunes, estaremos cavando nuestra propia tumba. Es natural odiar al que te odia, por eso el que te odia te sigue odiando a ti, naturalmente no siempre es posible quererse pero desde luego que es posible convivir.



viernes, 15 de abril de 2016

Orgullo femenino

La incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar revolucionó nuestra manera de entender lo masculino y femenino. A lo largo de la historia ambos géneros se han visto definidos como opuestos y complementarios, estando siempre el hombre en un lugar de superioridad. La subordinación que hemos padecido las mujeres nos ha perjudicado a todos, ha deteriorado nuestras sociedades y ha boicoteado nuestra capacidad de amar. El ser humano necesita encontrar la manera de salir de sus prejuicios y realizarse teniendo en cuenta su potencial individual y su responsabilidad comunitaria; porque independientemente de nuestro sexo, clase social, nacionalidad, raza o religión, lo que nos hace felices es lo mismo: disfrutar de la libertad que proporciona pertenecer a una sociedad en la que todos cabemos y contamos.



Cada persona entiende la masculinidad y la feminidad de una forma peculiar, el entorno nos marca pero nosotros también participamos en esta creación de identidades con nuestros propios deseos y fantasías. Hay “masculinidades” y “feminidades”, los significados culturales e individuales se entrelazan constantemente, es por lo tanto necesario un punto de vista sociológico y psicológico para desentrañar sus complejidades. La sociedad manda y el individuo obedece, esto nos obliga a enfrentar tanto los mandatos sociales como los intereses individuales para excusarse en ellos y no actuar de una forma más libre y responsable. Porque muchas personas utilizan la “normalidad” y la “educación” como parapeto, para no desarrollar un pensamiento crítico e independiente, prefiriendo pasar desapercibidos, aprovecharse de sus circunstancias, evitar el conflicto…

El género no se construye de una vez y para siempre, no solo porque nuestras sociedades evolucionan, sino porque nosotros como individuos vamos adoptando actitudes diferentes a lo largo de nuestra vida con respecto al hecho de ser hombre o mujer. El género se forma y se reforma, por casualidad o por necesidad no somos siempre los mismos. Pero hay algo que nunca cambia, no disfrutamos de una sociedad igualitaria y, hayamos salido mejor o peor parados en este reparto injusto, es una zozobra que está en el fondo de nuestros corazones. Las sociedades más desiguales son las más infelices, las identidades sociales que antes mencionábamos regulan el acceso al poder y los recursos de una manera despiadada. Por eso seamos conscientes de ello o no hay un fondo de angustia y preocupación en nuestras vidas: ¿qué será de los desfavorecidos?, ¿podré no convertirme en uno de ellos?

El poder ha sido siempre de los hombres, y en concreto de los hombres blancos, occidentales, heterosexuales y adinerados. Es una verdad sangrante para casi todos nosotros. Esto se ha justificado de muchas maneras, la última es la “religión neoliberal” en la que el bien del rico pretende hacerse pasar por el bien común, y se equipara engañosamente el crecimiento económico con la prosperidad social. Pero siempre ha habido grandes teorías para justificar la desigualdad, históricamente bien por Dios bien por la naturaleza, cada uno ha ocupado el sitio que supuestamente le correspondía.

Al mundo le sobra testosterona y la ley del más fuerte nos conduce directos al desastre, el planeta se agota y nosotros con él. Por eso necesitamos conectar con nuestro lado más “femenino”, el que prioriza la vida por encima de todo y por lo tanto cuida de aquello que la posibilita. Ser feminista implica ser ecologista y consciente de que es esta la postura más realista a la hora de enfrentar la encrucijada en la que nuestro mundo se encuentra. Debemos ser mejores o no seremos nada, y debemos colaborar. Como mujeres es muy importante que salgamos de nuestras vergüenzas, indiferencias y pasividades, nuestros asuntos no deben ser más exclusivamente emocionales y privados, estamos llamadas a liderar. Normalmente la autoridad femenina se ha visto ridiculizada o demonizada y esto ha llevado a la mayoría de las mujeres a renunciar a ella. Nadie quiere ser “sargento”, “marimacho”, “castradora”…, parece más adecuado acabar siendo una “histérica”, “tonta”, “sensible”, “quejica”… Liderar es un reto y una obligación, pues es la única manera de sacar al sistema de su actual estancamiento. A lo largo de la historia se ha concebido al hombre como activo y a la mujer como pasiva (aunque irónicamente hayamos trabajado el doble, ¡y lo sigamos haciendo!), se nos ha dicho que la política no importa, que lo realmente importante es lo que nosotras hacemos, que es cuidar de nuestras familias; y con el anzuelo de nuestra supuesta bondad y belleza nos han encerrado y nos hemos dejado encerrar.

Cuando una manda y lo que manda surge de la certeza de que es lo mejor para todos, no debería avergonzarse de ello. Si somos las capitanas de nuestros hogares deberíamos organizarlos abiertamente nosotras mismas para que el trabajo resulte equitativo, no deberíamos esperar a que surgiera esa iniciativa de nadie más. Si entendemos que nuestra sociedad no protege al débil, que es el niño, el anciano, el pobre, el extranjero, el enfermo…, deberíamos no solo protestar sino atacar con toda nuestra furia a las autoridades que vilmente lo permiten. La agresividad femenina también ha estado históricamente muy mal considerada, nadie quiere ser “loca”, “histérica”, “bruja”…, parece más adecuado esperar pacientemente a que alguien te salve, parece más adecuado suspirar.

Las fortalezas femeninas siempre han sido las mismas: comprensión global, intuición, empatía, y sobre todo, el cuidado de todo aquello que es vital. Damos la vida y la sostenemos a lo largo de toda nuestra vida: ¿qué has comido?, ¡abrígate!, ¿has llamado al médico?, ¿esa persona te quiere?, ¿qué te pasa?... Las debilidades han sido y siguen siendo dos: la idealización del amor y de los hombres. Hemos supuesto que bastaba con ser querida, que enamorarse y tener hijos daba sentido a nuestras vidas, y que nuestro orgullo podía basarse en nuestra bondad y belleza. Hemos supuesto que ellos eran más fuertes y más valientes, que sabían más y que nos iban a proteger a nosotras y a nuestros hijos de todos los males. Hemos delegado en ellos y los hemos imitado, hemos querido ser como ellos, pero debemos preguntarnos qué significa ser “femenina” y cuál es nuestro verdadero orgullo cuando lo estamos siendo. Tenemos que aprender a salir y les tenemos que enseñar a gobernar, si algo tienen en común los “tiburones” que saquean nuestras vidas es que son todos muy masculinos, incluso ellas.